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La mayoría de los pacientes con un linfoma no hodgkiniano recibirán quimioterapia en algún momento de su tratamiento. Los antineoplásicos se conocen también como fármacos “citotóxicos” (es decir, tóxicos para las células) y van dirigidos contra todas las células que se dividen muy rápidamente. El objetivo es, por tanto, lesionar y destruir todas las células linfomatosas del organismo.
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Existen muchos antineoplásicos. El tipo de programa de quimioterapia utilizado en un linfoma no hodgkiniano dependerá de muchos factores
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Tipos de quimioterapia
Existen muchos antineoplásicos. El tipo de programa de quimioterapia utilizado en un linfoma no hodgkiniano dependerá de muchos factores, entre ellos:
- El tipo de linfoma no hodgkiniano, si es indolente o agresivo, y en qué estadio se encuentra.
- Si el linfoma se ha diagnosticado recientemente y se va a tratar por vez primera, o si ha recidivado después de una remisión conseguida con un tratamiento anterior.
- Qué síntomas tiene el paciente debido al linfoma.
- La edad del paciente y cualquier otro problema médico que pueda tener.
Algunos programas de quimioterapia se basan en un solo fármaco, mientras que otros se componen de varios fármacos que se administran juntos. A menudo, la quimioterapia se da en ciclos: por ejemplo, una semana de tratamiento seguida de tres semanas de descanso, seguidas a su vez de otra semana de tratamiento, y así sucesivamente. Un tratamiento completo de quimioterapia suele durar varios meses.
Uno de los fármacos más utilizados en quimioterapia es el clorambucilo, que se administra en comprimidos por vía oral. No suele emplearse junto con otros antineoplásicos. Aunque cada unidad o consultorio de linfomas tiene su propia pauta, el clorambucilo se administra a menudo en ciclos en los que se alternan dos semanas de tratamiento con otras dos de descanso, y así sucesivamente.
Las combinaciones de antineoplásicos se conocen a menudo por las iniciales de los fármacos. Dos de las más utilizadas son CHOP y CVP (a menudo denominada COP). CHOP se compone de tres antineoplásicos más prednisolona, y la sigla corresponde a:
- Ciclofosfamida
- Hidroxidaunorubicina (también conocida a veces como adriamicina o doxorrubicina)
- Oncovin (una marca comercial de la vincristina)
- Prednisolona o prednisona
- La asociación CVP (o COP) contiene sólo ciclofosfamida, vincristina (Oncovin) y prednisolona.
A las personas con síntomas intensos se les pueden administrar también corticosteroidespor lo general prednisolona, para ayudarles a aliviar rápidamente los síntomas. Pueden resultar muy eficaces a corto plazo, pero no sirven para un tratamiento prolongado. La prednisolona y los demás corticosteroides son completamente distintos de los esteroides que están prohibidos en el deporte.
Modo de acción
Existen muchos tipos distintos de antineoplásicos que atacan a las células cancerosas con distintos modos de acción. Sin embargo, todos los fármacos que podría recibir un paciente para tratar un linfoma no hodgkiniano se basan en el principio de que es mucho más probable que, en el momento del tratamiento, sean las células cancerosas las que se estén dividiendo, y no las normales.
La inmensa mayoría de las células del organismo pasan la mayor parte del tiempo en reposo y se dividen sólo cuando es necesario reparar células dañadas. Por el contrario, las células cancerosas están dividiéndose todo el tiempo, que es una de las razones por las que causan tanto daño. Los antineoplásicos buscan sacarle partido a esta diferencia y atacar a las células cancerosas cuando se dividen.
Algunos de los fármacos interaccionan con receptores situados en la superficie de las células, mientras otros alteran el normal funcionamiento del ADN para impedir que se dividan. En muchos casos se administran combinaciones de antineoplásicos dirigidas contra distintas fases del proceso de división, lo que eleva las probabilidades de destruir más células.
Sin embargo, esto también explica por qué estos fármacos tienen efectos secundarios. Dado que la quimioterapia es un tratamiento «sistémico», es decir, que afecta a todo el organismo a la vez, los fármacos también se dirigen contra las células normales que se dividen con frecuencia, como las de la piel, la mucosa intestinal y los folículos pilosos. (Véase Efectos secundarios, más abajo)
Administración de la quimioterapia
Algunos antineoplásicos se administran en comprimidos. Otros deben inyectarse directamente en la sangre (por vía “intravenosa”), ya sea mediante una aguja o un catéter introducidos a través de la piel en una vena del brazo, o bien, a veces, mediante una vía central. Ésta consiste en un catéter más permanente que suele insertarse en una de las venas de la parte alta del tórax. La ventaja es que no se necesita introducir una aguja cada vez que hay que administrar la quimioterapia. Estas vías centrales pueden también utilizarse para obtener muestras de sangre.
Algunos antineoplásicos por vía intravenosa pueden inyectarse directamente en la vena con una jeringa, pero la mayoría se administran en forma de “goteo”, lo que significa que primero se inyecta el fármaco en una bolsa con líquido y luego se deja que éste gotee lentamente al interior de la vena .
Muchas de las poliquimioterapias consisten en fármacos por vía oral (comprimidos) y por vía intravenosa.
Por lo general, el tratamiento se administra en ciclos. Aunque éstos varían mucho de unas unidades de linfomas a otras, el intervalo entre ellos suele ser de tres semanas, y los corticosteroides se toman durante cinco días después de la quimioterapia. Una quimioterapia completa suele durar varios meses, aunque ello depende de muchos factores y varía con cada paciente.
La mayoría de los antineoplásicos pueden administrarse en una consulta ambulatoria, y el paciente puede irse a casa el mismo día. Sin embargo, en algunos casos es necesaria una breve hospitalización.
La quimioterapia puede combinarse con tratamientos como la radioterapia o la inmunoterapia con anticuerpos monoclonales.
Se pueden adoptar medidas para eliminar muchos de los posibles efectos secundarios de la quimioterapia o para hacerla más tolerable
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Efectos secundarios
A muchas personas les asustan mucho los efectos secundarios de la quimioterapia. Sin embargo, es importante recordar que:
- No todos los pacientes tienen efectos secundarios.
- Fármacos diferentes pueden tener distintos efectos secundarios.
- Los efectos secundarios, cuando aparecen, pueden ser leves.
- Muchos efectos secundarios pueden eliminarse o hacerse más tolerables.
Muchos de los efectos secundarios obedecen a la acción de la quimioterapia sobre las células normales. Dado que interfiere la multiplicación y el desarrollo de las células, en concreto de las que se dividen muy activamente, los órganos y tejidos más afectados son aquellos en los que las células normales crecen y se dividen más rápidamente:
- La mucosa que reviste el tubo digestivo, lo que incluye la boca, el esófago, el estomago y el intestino: los efectos secundarios pueden consistir en inflamación de la boca o la garganta y diarrea o estreñimiento.
- La piel y los folículos pilosos: puede producirse una caída parcial o total del cabello que suele ser gradual y empieza a las dos o tres semanas de iniciar la quimioterapia. Una vez terminada ésta, el cabello vuelve a crecer, generalmente a la misma velocidad que antes del tratamiento. La mayor parte de los pacientes vuelven a tener una cantidad normal de pelo a los seis meses. A veces es un cabello más suave y rizado que antes, y no tiene exactamente el mismo color. No todos los antineoplásicos provocan caída del cabello.
- La médula ósea, donde se producen las células sanguíneas: los antineoplásicos puede reducir el número de células en la sangre, lo que causa problemas de propensión a las hemorragias, los hematomas y las infecciones. Los pacientes deben notificarle a su equipo médico toda hemorragia o hematoma anormal y todo síntoma de infección o fiebre que observen mientras estén recibiendo quimioterapia. Los análisis de sangre que se realizan periódicamente durante el tratamiento tienen por objeto comprobar si las cifras de células sanguíneas están descendiendo demasiado. Si lo están, puede que se decida retrasar las siguientes sesiones de quimioterapia o reducir la dosis para darle a la médula ósea la oportunidad de recuperarse.
También las náuseas y los vómitos son efectos secundarios muy frecuentes de la quimioterapia. Como dependen en gran medida de los antineoplásicos utilizados y de cada paciente, no siempre se puede predecir quién los padecerá o en qué medida. Algunas personas no se ven afectadas. Estos efectos secundarios suelen comenzar desde unos pocos minutos a unas pocas horas después de administrar la quimioterapia y pueden durar unas horas o varios días, dependiendo de las personas. Recientemente han empezado a utilizarse fármacos complementarios que consiguen eliminar las náuseas casi por completo.
La pérdida de apetito, a menudo unida a trastornos del gusto (alteración del sabor de los alimentos), es un efecto secundario muy frecuente de la quimioterapia. Muchas personas notan también una sensación general de cansancio y letargo durante la quimioterapia. Y algunas dicen sentirse más irritables de lo habitual.
Otro posible efecto secundario deriva de que, cuando una célula muere, se destruye en el organismo. Una de las sustancias químicas generadas en este proceso se denomina ácido úrico. En condiciones normales, el ácido úrico se disuelve en la orina y se elimina del organismo.
Sin embargo, en los pacientes sometidos a quimioterapia mueren muchas más células de lo normal, lo que genera más ácido úrico del que el riñón puede eliminar. Cuando esto ocurre, el ácido úrico puede acumularse en la sangre y cristalizar en el riñón (cálculos) y en las articulaciones, ocasionando un tipo de artritis. Si este problema no se trata, puede llegar a ser bastante grave e incluso causar insuficiencia renal.
El alopurinol es un fármaco que se administra al comienzo de algunas quimioterapias, ya sea en comprimidos o en inyección intravenosa, para que el organismo deje de producir ácido úrico. Mantiene los productos de la destrucción celular en una forma más soluble, para que se puedan eliminar por la orina de manera sencilla e inocua. Tiene pocos efectos secundarios, si exceptuamos algunas reacciones alérgicas ocasionales, generalmente en forma de erupciones cutáneas.
Este tipo de efectos secundarios suelen ser transitorios y desaparecen al terminar la quimioterapia.
Algunos antineoplásicos afectan a la fecundidad. Por ejemplo, puede que las menstruaciones se vuelvan irregulares o desaparezcan, y que la cantidad de espermatozoides disminuya. Estos efectos suelen ser transitorios, pero ciertos tratamientos pueden provocar esterilidad permanente. Si cabe esta posibilidad, el paciente y el médico deben comentarla antes de empezar el tratamiento. En algunos casos se les puede ofrecer a los pacientes varones la posibilidad de conservar esperma.
La quimioterapia puede tener otros efectos secundarios permanentes, como alteraciones cardíacas y de los nervios sensitivos, o un mayor riesgo de padecer otro cáncer en el futuro. En todos estos casos deben sopesarse los riesgos a largo plazo frente a los probables beneficios del tratamiento. Paciente y médico deberían comentar estas cuestiones antes de dar comienzo a la quimioterapia.
Cómo afrontar la quimioterapia
Se pueden adoptar medidas para eliminar muchos de los posibles efectos secundarios de la quimioterapia o para hacerla más tolerable. Por ejemplo:
- Inflamación de la boca o la garganta: a menudo resultan útiles los enjuagues bucales templados con bicarbonato de sodio. Hay que cepillarse los dientes con suavidad después de cada comida para prevenir las infecciones. Puede resultar más cómodo quitarse las dentaduras postizas durante el mayor tiempo posible.
- Náuseas y vómitos: los modernos fármacos contra las náuseas y los vómitos (antieméticos) son muy eficaces. Pueden administrarse por vía intravenosa junto con las inyecciones de la quimioterapia o como comprimidos por vía oral. Los antieméticos son más eficaces previniendo las náuseas y los vómitos que tratándolos una vez que aparecen. Por consiguiente, suele ser mejor tomarlos regularmente, según se prescriba, incluso en ausencia de náuseas o vómitos. Hay muchos antieméticos diferentes y algunos son más eficaces en unas personas que otros. Por ello, si uno parece no ser eficaz, probablemente se pueda probar otro.
- Pérdida de apetito: puede deberse a náuseas, pero también a que, durante la quimioterapia, a veces cambia el gusto de los alimentos. Muchas veces ayuda comer menos cantidad de alimento más a menudo, a ser posible no cocinar, comer platos fríos en lugar de calientes y no tomar alimentos de olor fuerte. Es muy importante beber bastante líquido, aunque no apetezca tomar alimentos.
- Cansancio y letargo: puede que haya que reducir las horas de trabajo y modificar la agenda diaria. Sin embargo, algunas personas pueden seguir haciendo su vida normal.
Es importante recordar que el médico sabrá qué efectos secundarios son debidos al antineoplásico que se está administrando y qué puede hacerse para aliviarlos o suprimirlos. Por tanto, la mayor parte de los pacientes no tendrán que seguir estas recomendaciones.
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