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No hay un síntoma o grupo de síntomas que permita asegurar la presencia de un linfoma no hodgkiniano. Dicho de otro modo, todos los síntomas que puede causar éste pueden causarlos también otros trastornos. Por esta razón, entre otras, son tan importantes las pruebas diagnósticas a la hora de emitir el diagnóstico de linfoma no hodgkiniano. Un síntoma inicial muy frecuente es un ganglio linfáticoagrandado e indoloro. Los ganglios más fáciles de detectar son los situados en el cuello, la axila y la ingle.
Sin embargo, en muchos casos los pacientes no tienen síntomas en el momento de diagnosticarles un linfoma no hodgkiniano. Es frecuente que se sospeche la enfermedad a raíz de una exploración física por parte del médico de familia, quien puede que descubra un ganglio linfático agrandado que le había pasado inadvertido al paciente. En ocasiones, lo que suscita la sospecha de un linfoma no hodgkiniano es una prueba complementaria, como un análisis de sangre o una radiografía de tórax, realizada por cualquier otro motivo.
No hay un síntoma o grupo de síntomas que permita asegurar la presencia de un linfoma no hodgkiniano.
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En la mayoría de los casos, el médico de familia no podrá confirmar el diagnóstico de linfoma no hodgkiniano, por lo que las personas en las que se sospecha la enfermedad suelen ser enviadas a un hospital para que las vean médicos especialistas. En muchos casos han de ser vistas por más de un médico antes de poder confirmar el diagnóstico. Por lo general, estas personas empiezan por acudir a una consulta ambulatoria.
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