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En ocasiones, los linfomas no hodgkinianos no responden a los tratamientos convencionales, como la quimioterapia, la inmunoterapia con anticuerpos monoclonales o la radioterapia, o bien recidivan después de remisiones obtenidas con tratamientos parcialmente eficaces. En algunos casos puede que el equipo de linfomas considere que merece la pena probar un tratamiento del linfoma no hodgkiniano de reciente desarrollo o proponga que el paciente se incorpore a un ensayo clínico en el que se le administrará un tratamiento completamente nuevo. Para más información, véase Ensayos clínicos.
Por lo general, estos tratamientos sólo se administran en linfomas no hodgkinianos que siguen recidivando después del tratamiento o que no responden en absoluto al tratamiento convencional. Esta restricción se debe a que, con frecuencia, los tratamientos experimentales tienen más efectos secundarios que los convencionales, o bien no se han demostrado sus efectos beneficiosos a largo plazo. Sólo en casos aislados los equipos de linfomas proponen tratamientos nuevos o experimentales sin administrar primero otros ya estudiados y probados.
Se están desarrollando muchos tipos de tratamientos nuevos y experimentales para los linfomas no hodgkinianos. En su concepción se busca aplicar los conocimientos que médicos y científicos están obteniendo acerca del funcionamiento de los linfomas no hodgkinianos a nivel molecular, pero muchos de ellos están todavía lejos de ser lo bastante seguros como para utilizarse en la mayoría de estos enfermos.
Vacunas
Las vacunas contra los linfomas no hodgkinianos se basan en los mismos principios que las utilizadas para combatir otras enfermedades, como la gripe. En el laboratorio, una proteína situada en la superficie de las células linfomatosas se une, por ejemplo, a una sustancia portadora inocua y se inyecta al paciente, a menudo junto con un fármaco como el GM-CSF, que estimula la reacción inmunitaria. Como la proteína está unida a una molécula portadora “extraña”, el sistema inmunitario la trata como un antígeno extraño y produce anticuerpos contra ella. Estos anticuerpos atacan no sólo a la proteína inyectada, sino también a las células linfomatosas que la llevan en su superficie.
Aunque hay ensayos clínicos en curso, los resultados de estudios recientes, con pacientes que tras la vacunación lograron remisiones de varios años, son prometedores.
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