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Las preguntas que el médico haga serán distintas para cada persona aquejada de un linfoma no hodgkiniano, según las circunstancias individuales de ésta. También variarán dependiendo de que el diagnóstico sea reciente, de que se haya iniciado el tratamiento o de que se haya terminado. Desempeñan un papel importante como ayuda al médico para diagnosticar la enfermedad, evaluar los efectos del tratamiento y conocer cómo están afectando ambos, enfermedad y tratamiento, a la vida del paciente.
Las preguntas que el médico haga serán distintas para cada persona aquejada de un linfoma no hodgkiniano, según las circunstancias individuales de ésta.
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En una primera visita al equipo de linfomas puede que el médico se refiera a los hechos que han determinado que el enfermo sea enviado allí. Es probable que pregunte qué síntomas, ha tenido, qué llevó a sospechar un linfoma no hodgkiniano y qué pruebas se han realizado. Aunque seguramente gran parte de esa información se encuentre ya en la historia clínica, a menudo al médico le resulta útil volver sobre ello en el caso de pacientes nuevos.
Durante el tratamiento es probable que el médico pregunte cómo está yendo y qué efectos secundarios tiene. Los pacientes que consideran molestos dichos efectos probablemente deseen comentar si se puede hacer algo para evitarlos o minimizarlos. Una vez terminado el tratamiento, en las visitas de seguimiento y las revisiones periódicas, es probable que el médico pregunte por el estado general del paciente y por los síntomas que haya podido tener desde la última visita.
A veces, en una visita cualquiera, el médico solicita que se realicen unas pruebas. Algunas de ellas pueden ser las mismas que las pruebas de estadificación y los análisis de sangre realizados para diagnosticar el linfoma no hodgkiniano. Son una forma de investigar si el linfoma ha recidivado o está creciendo, y si ha respondido al tratamiento.
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