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Introducción
La radiación se utiliza mucho en medicina para diagnosticar dolencias mediante la obtención de imágenes del interior del cuerpo utilizando, por ejemplo, dosis bajas de rayos X y para tratar enfermedades como los linfomas no hodgkinianos.
La radiación terapéutica destruye las células del organismo porque altera su ADN y les impide reparar los daños que sufren. Dado que la radiación puede destruir tanto células cancerosas como células normales, es importante que, para limitar los efectos secundarios, la utilizada con fines terapéuticos se dirija con la mayor precisión posible contra las células causantes de la enfermedad.
En los linfomas no hodgkinianos, la aplicación más frecuente del tratamiento con radiación es la radioterapia, que se administra a los pacientes que tienen sólo uno o dos ganglios linfáticos afectados. En esos casos se concentran los haces de radiación sobre las áreas afectadas para destruir las células enfermas. También puede resultar útil para aminorar los síntomas causados por los linfomas localizados.
Otra aplicación reciente de la radiación en el tratamiento de los linfomas no hodgkinianos se denomina radioinmunoterapia. En ella, muy pequeñas cantidades de un material radiactivo se unen a un anticuerpo monoclonal. Cuando éste llega hasta la célula linfomatosa y se fija a ella, la radiación destruye la célula.
Como ocurre con la mayoría de los tratamientos, es importante señalar que el tratamiento con radiación no está indicado en todos los casos de linfoma no hodgkiniano. Además, la radioterapia suele utilizarse sólo una vez en una determinada área corporal, por lo que es probable que en las recidivas de los linfomas no hodgkinianos sean más adecuados otros tratamientos como la quimioterapia o la inmunoterapia con anticuerpos monoclonales.
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