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 Inmunoterapia con anticuerpos monoclonales
Introducción | Linfomas no hodgkinianos recién diagnosticados
Tratamiento de mantenimiento y recidiva de los linfomas no hodgkinianos
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    Puntos principales


  • Es frecuente que en las recidivas de los linfomas no hodgkinianos se administre un anticuerpo monoclonal como el rituximab.
  • Se ha comprobado que, en los linfomas no hodgkinianos indolentes que recidivan, la monoterapia con el anticuerpo monoclonal rituximab prolonga la duración media de las remisiones en comparación con los tratamientos que no contienen rituximab.

Introducción

En los linfomas no hodgkinianos que recidivan después del tratamiento se emplean anticuerpos monoclonales, como la monoterapia con rituximab. El tratamiento inicial de los linfomas no hodgkinianos indolentes suele lograr la remisión, que puede durar varios años, pero casi todos estos enfermos tienen una recidiva y el linfoma recurre (reaparece).


En la actualidad se dispone de muchas pruebas científicas de la utilidad de los anticuerpos monoclonales, y en particular del rituximab, en el tratamiento de las recidivas de linfomas no hodgkinianos.
Monoclonal antibody therapies - treating relapsed non-Hodgkins lymphoma

Aproximadamente la mitad de los pacientes con un linfoma no hodgkiniano indolente que recidiva volverán a tener una remisión con el rituximab en monoterapia. Suele durar una media de 13 meses, que es más que la duración media de las remisiones cuando el tratamiento no incluye el rituximab. Algunos pacientes responden una segunda e incluso una tercera vez al rituximab.

El rituximab puede administrarse como monoterapia en la recidiva de linfomas no hodgkinianos indolentes, pero también puede asociarse a la quimioterapia.

En este último caso se administra de la misma forma que a los pacientes que nunca han recibido tratamiento, es decir, al comienzo de cada ciclo, inmediatamente antes de la quimioterapia. Se ha comprobado que al asociar el rituximab a la quimioterapia la remisión se prolonga. Los efectos secundarios del rituximab suelen producirse únicamente durante la administración del fármaco y van disminuyendo con las sucesivas dosis; añadirlo a la quimioterapia no incrementa significativamente los efectos secundarios.

También son cada vez más numerosas las pruebas científicas de que el rituximab puede ser útil, asociado a la quimioterapia, en los linfomas no hodgkinianos agresivos que recidivan tras una quimioterapia eficaz. En ocasiones se utiliza como parte de la preparación para el trasplante de células precursoras hematopoyéticas de sangre periférica o el trasplante de médula ósea.

El tratamiento de mantenimiento es el que se administra a los pacientes que se encuentran bien después de un tratamiento eficaz del linfoma no hodgkiniano, es decir, a los que están en remisión completa o parcial o, a veces, en situación estable sin signos de linfoma en actividad. La idea es que un tratamiento continuo con dosis bajas de rituximab puede prolongar la remisión o convertir una situación estable en una remisión. Es una indicación que en la actualidad no está aprobada, por lo que se están realizando ensayos clínicos para evaluar con más exactitud el papel del tratamiento de mantenimiento.

Pruebas científicas de la eficacia de la inmunoterapia con anticuerpos monoclonales

En la actualidad se dispone de muchas pruebas científicas de la utilidad de los anticuerpos monoclonales, y en particular del rituximab, en el tratamiento de las recidivas de linfomas no hodgkinianos.

Por ejemplo, en las recidivas de linfomas no hodgkinianos indolentes, la monoterapia con rituximab logró la remisión completa o parcial en casi la mitad de los pacientes estudiados y se toleró bien. Entre los pacientes cuyo linfoma recidivó después del primer tratamiento con rituximab, aquellos que respondieron a un segundo tratamiento tuvieron una segunda remisión tan larga o más que la primera.

Esta respuesta es distinta a la observada con la quimioterapia sola, en la que la segunda remisión tiende a ser más breve que la primera. Algunos pacientes responden una segunda e incluso una tercera vez al rituximab.

También los ensayos clínicos en pacientes con linfomas no hodgkinianos agresivos han mostrado que añadir rituximab a la quimioterapia mejora la eficacia del tratamiento.

 


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