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 Tratamiento de los síntomas
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    Puntos principales


  • No todos los pacientes diagnosticados de un linfoma no hodgkiniano tendrán síntomas desde el comienzo.
  • Los síntomas pueden deberse a la enfermedad en sí o al tratamiento.
  • Además de medicamentos, los pacientes pueden adoptar medidas sencillas para reducir los síntomas.

Introducción

Muchas personas aquejadas de un linfoma no hodgkiniano no tienen síntomas en el momento del diagnóstico. Es frecuente que la enfermedad la descubra el médico en el curso de una exploración física o a raíz de una prueba solicitada por algún otro problema, como un análisis de sangre o una radiografía de tórax.

Sin embargo, cuando hay síntomas, pueden consistir en fiebre de origen desconocido, sudores nocturnos, pérdida de peso involuntaria, fatiga o cansancio intenso y persistente, y pérdida de apetito. Los tres primeros síntomas citados (fiebre, sudores nocturnosy pérdida de peso) se utilizan a menudo para determinar el estadio del linfoma no hodgkiniano y se denominan “síntomas B”. (Véase, Síntomas y diagnóstico de los linfomas no hodgkinianos).

Las personas con linfomas no hodgkinianos pueden también tener síntomas debidos al tratamiento, la mayor parte de las veces como consecuencia de la radioterapia o la quimioterapia. Consisten en pérdida de apetito, fatiga, caída del cabello, náuseas y vómitos, inflamación de la garganta y la boca, hormigueos en manos y pies, e infecciones.

Los síntomas de los linfomas no hodgkinianos en sí se alivian a menudo con el tratamiento de la enfermedad, y muchos de los causados por dicho tratamiento desaparecen al retirarlo. Aun así, y sin olvidar que los síntomas varían enormemente de unos pacientes a otros, existen medicamentos y trucos sencillos para aliviarlos y llevar una vida más normal.

Fiebre y sudores nocturnos

La fiebre y los sudores nocturnos son síntomas frecuentes de los linfomas no hodgkinianos y se utilizan para determinar el estadio de la enfermedad, junto con la pérdida de peso injustificada. Pueden también aparecer como consecuencia del tratamiento con quimioterapia y radioterapia.

Además de los medicamentos que alivian la fiebre y los sudores nocturnos, como el paracetamol, que pueden recetar el médico de familia o el equipo de linfomas, muchos pacientes constatan que las técnicas de relajación que reducen el estrés les resultan de ayuda. También un ejercicio físico o suave y regular puede ser beneficioso, aunque es importante que los pacientes elijan una actividad que les guste y con la que se sientan cómodos. Algunos alimentos y bebidas, como la comida especiada, la cafeína, el alcohol, el azúcar y las bebidas calientes, pueden empeorar la fiebre y los sudores nocturnos, por lo que puede ser conveniente evitarlos.

También hay medidas prácticas que ayudan a sobrellevar la fiebre y los sudores nocturnos. Son las siguientes:

  • Usar ropa de algodón, ya que este tejido absorbe la humedad y sigue manteniendo caliente el cuerpo cuando ha cedido la fiebre.
  • Usar varías capas de ropa que puedan retirarse y colocarse con los cambios de temperatura corporal.
  • Usar varías capas de ropa de cama de tejidos naturales, para poder retirarlas en caso necesario.
  • Usar pulverizadores y paños húmedos para bajar la temperatura corporal. También puede resultar beneficioso añadir aromas agradables al pulverizador, como menta, que es refrescante aromas agradables al pulverizador, como menta, que es refrescantes, o lavanda, que es relajante.

     

Pérdida de peso injustificada y pérdida de apetito

La pérdida de peso injustificada debido a un linfoma no hodgkiniano puede significar que los pacientes estén desnutridos, se cansen más rápidamente y sean más vulnerables a las infecciones.

Es importante señalar que los pacientes desnutridos suelen tener menos capacidad de afrontar tratamientos como la quimioterapiay más probabilidades de que éstos se demoren debido, por ejemplo, a que las cifras de células sanguíneas son demasiado bajas para recibir el siguiente tratamiento.

La pérdida de apetito puede ser el resultado del linfoma no hodgkiniano en sí o de su tratamiento. Tanto la radioterapia como la quimioterapia pueden provocar náuseas, y en el caso particular de la quimioterapia, a veces altera el gusto de los alimentos; ambos efectos pueden hacer que resulte menos apetecible comer.

El equipo de linfomas puede proponerle al paciente que acuda a un dietista para que le ayude a recuperar el apetito y a ganar peso. A su vez, el dietista puede prescribir suplementos nutricionales como bebidas energéticas, las cuales son también de ayuda cuando hay problemas para tragar o una inflamación de garganta debida al tratamiento. También pueden resultar útiles algunos medicamentos como los corticosteroides y los derivados del cáñamo o cannabis (ej.: dronabinol); los pacientes deben consultar con el médico o el equipo de linfomas si son adecuados.

Se han descrito multitud de regímenes alimentarios tanto en libros como en periódicos y revistas. Sin embargo, es importante que los enfermos sigan una dieta equilibrada, y no todas son adecuadas para ellos, por lo que siempre deben pedir consejo al equipo de linfomas o al dietista. No obstante, pueden hacer algunos cambios para que sus comidas les resulten más apetecibles y ello les ayude a ganar peso. Por ejemplo:

  • Comer porciones más pequeñas más a menudo, incluidos tentempiés como galletas dulces o saladas, tostadas y queso, entre las comidas principales.
  • Si es posible, no cocinar.
  • Comer platos fríos en lugar de calientes y evitar los alimentos con olores fuertes.
  • Utilizar leche entera y yogures enteros en lugar de sus equivalentes bajos en grasas.
  • Utilizar más mantequilla, margarina o aceite en el pan, las patatas, la pasta, el arroz y las verduras, y añadir más mayonesa o aderezos con aceite a los emparedados y las ensaladas.
  • Añadir más queso a las pizzas, las salsas, las sopas y la pasta.
  • Añadir más miel o azúcar a los cereales, las bebidas y la fruta.

Aun así, algunos regímenes que podrían parecer saludables son nocivos para los pacientes con linfomas no hodgkinianos que, por ejemplo, tienen neutropenia después de la quimioterapia (véase más abajo Cifras bajas de células sanguíneas ). Estos pacientes deben evitar las ensaladas, la carne cruda o el queso azul porque son alimentos que entrañan mayor riesgo de infecciones.

     

Fatiga

La fatiga, o cansancio prolongado, es un síntoma relativamente frecuente de muchos cánceres, incluidos los linfomas no hodgkinianos. También los tratamientos como la quimioterapia y la radioterapia pueden hacer que los pacientes se sientan cansados y letárgicos, por lo que es importante identificar si el cansancio está empezando a ser un problema.

Si un paciente se siente cansado todo el tiempo, es importante que hable con el equipo de linfomas, el cual podrá proponerle formas de mejorar la situación. Cabe que el paciente esté fatigado debido a una anemia cuya causa pueden ser ciertos antineoplásicos que afectan a la médula ósea. Es posible tratarla con suplementos de hierro, con una transfusión de sangre o con un fármaco que incremente la producción de glóbulos rojos. (Véase más abajo Cifras bajas de células sanguíneas).

Los pacientes pueden hacer muchas cosas para afrontar la fatiga; por ejemplo:

  • Llevar una dieta saludable y equilibrada, con muchas frutas y verduras, hierro y vitaminas. Son buenas fuentes de hierro la carne roja, las espinacas y los cereales enriquecidos.
  • Tener a mano muchos aperitivos o tentempiés, para verse tentados a comer más a lo largo del día.
  • Hacer ejercicio físico ligero con regularidad, varias veces la semana.
  • Descansar mucho, sobre todo entre tareas domésticas.
  • Evitar las bebidas con cafeína antes de dormir, porque pueden perturbar el sueño.

Es probable que el enfermo se vea en la necesidad de trabajar menos y modificar su agenda diaria, si bien algunos pueden seguir trabajando con normalidad. No hay dos personas iguales.

     

Cifras bajas de células sanguíneas

Las personas con linfomas no hodgkinianos pueden tener cifras bajas de células sanguíneas, ya sea debido a la enfermedad en sí o a su tratamiento. Los principales tipos de células sanguíneas son los glóbulos rojos, las plaquetas y los glóbulos blancos, y las cifras bajas de cada uno de ellos en la sangre ocasionan trastornos distintos.

Las cifras bajas de glóbulos rojos causan anemia, que a menudo hace que los enfermos se sientan muy cansados, letárgicos y con sensación de falta de aire (disnea). Ello se debe a que la cantidad de oxígeno transportada al conjunto del organismo disminuye. Si un paciente tiene síntomas de anemia o está recibiendo tratamiento por un cáncer, el equipo de linfomas solicitará un análisis de sangre para determinar la concentración de hemoglobina, el cual se conoce como hemograma completo.

Si se confirma que el enfermo tiene anemia, pueden prescribirse suplementos de hierro, los cuales rara vez alivian los síntomas por completo, una transfusión de sangre o un tratamiento farmacológico para estimular la producción de glóbulos rojos. El equipo de linfomas puede también proponer modificaciones en la dieta del paciente, en concreto puede recomendar alimentos como carnes rojas, espinacas y cereales enriquecidos, todos los cuales contienen hierro.

La situación en la que el número de plaquetas en la sangre es anormalmente bajo se denomina trombocitopenia; aparecen hematomas, hemorragias de la nariz o la boca, y pequeños puntos rojos denominados erupción petequial.

También pueden producirse hemorragias internas, en particular intestinales, que se manifiestan por vómitos sanguinolentos, presencia de sangre en las heces o hemorragias cerebrales. El equipo de linfomas puede administrar transfusiones de plaquetas para detener o prevenir las hemorragias, o medicamentos para elevar el número de plaquetas en la sangre.

Después de tratamientos como la quimioterapia y la radioterapia, las personas con linfomas no hodgkinianos tienen cifras bajas de glóbulos blancos en la sangre (neutropenia) y por tanto corren mayor riesgo de contraer infecciones, a menudo durante muchas semanas después del tratamiento.

El equipo de linfomas verá regularmente al paciente y le practicará análisis de sangre para determinar cuántos glóbulos blancos está produciendo el organismo. Aun así, es importante que los enfermos conozcan los riesgos que entrañan unas cifras bajas de glóbulos blancos y se pongan en contacto con el equipo tan pronto como empiecen a sentirse mal.

Si el paciente tiene tos o fiebre superior a 38oC 100.5oF, hemorragias o hematomas injustificados, escalofríos o sudores, o si se siente bruscamente mal, incluso sin fiebre, debe ponerse en contacto de inmediato con el hospital. Sobre todo cuando no esté seguro de la naturaleza o la duración de la fiebre, lo mejor es que llame para que lo tranquilicen y le indiquen lo que debe hacer, en lugar de esperar.

Los pacientes pueden adoptar medidas sencillas para reducir el riesgo de infección, como las siguientes:

  • Lavarse siempre las manos concienzudamente antes de preparar alimentos.
  • Al trabajar en el jardín o en casa, usar guantes para evitar cortes y arañazos.
  • Evitar en lo posible las muchedumbres y las personas con resfriados y gripe.
  • Algunos médicos recomiendan que los pacientes no se sometan a tratamientos odontológicos durante la quimioterapia, porque ello puede incrementar el riesgo de infección bucal.
  • No ir a nadar, debido al riesgo de contraer una infección transmitida por el agua. Los pacientes también pueden contraerla en una piscina o unos vestuarios muy concurridos.
  • Evitar las muchedumbres al practicar deportes o actividades sociales.
  • Si planean unas vacaciones en el extranjero, consultar primero con el médico de familia, ya que hay vacunas que les están vedadas, como la antisarampionosa, la antiparotidítica, la antirrubeólica, la triple vírica (sarampión, parotiditis y rubéola, también llamada MMR), las antipoliomielíticas por vía oral, la antitifoídica en forma líquida, la BCG y la antiamarílica.

     

Caída del cabello

Dado que algunos tratamientos de los linfomas no hodgkinianos como la quimioterapia o radioterapia aplicada en la cabeza y el cuello afectan a las células del organismo que se replican con rapidez, las personas que los reciben tienen más probabilidades de perder todo o parte del cabello.

En el caso de la quimioterapia, el riesgo de caída del cabello varía mucho según el tipo de fármaco utilizado y la frecuencia con la que se administra, es decir, si es semanal o cada tres semanas. Además, no todos los pacientes reaccionan igual a un determinado antineoplásico; algunos pierden todo el pelo del cuerpo y otros nada.

Empezar a perder súbitamente el pelo puede ser un fuerte golpe, por lo que es importante que, antes de iniciar el tratamiento, el paciente comente con el equipo de linfomas las probabilidades de que provoque una caída total o parcial del cabello. No obstante, aunque el nuevo puede ser más suave, de un color ligeramente distinto y probablemente más rizado que antes, casi todos los pacientes recuperan el cabello al terminar el tratamiento. La mayoría vuelve a tener una cantidad normal al cabo de seis meses.

Si el paciente pierde el pelo y se siente incómodo ante la perspectiva de quedarse calvo, en la mayor parte de los casos opta por una peluca de forma y color muy parecidos a su cabello original. Puede utilizar las proporcionadas por el hospital o las fabricadas por profesionales. Algunos enfermos prefieren usar sombreros, bandas de pelo o pañuelos. Es conveniente acudir al fabricante de pelucas antes de haberse quedado totalmente calvo para que prepare una lo más parecida posible al cabello del paciente.

Para prevenir la caída del cabello, los equipos de linfomas proponen ocasionalmente que el paciente pruebe a enfriar el cuero cabelludo con un gorro frío. Al hacerlo se reduce la temperatura de los vasos sanguíneos durante el tratamiento y disminuye temporalmente el flujo sanguíneo del cuero cabello. Se impide así que la quimioterapia llegue a los folículos pilosos. Sin embargo, la experiencia clínica y los resultados de esta medida son bastante contradictorios, por lo que no todos los centros la proponen.

     

Náuseas y vómitos

Los pacientes tratados con quimioterapia o radioterapia por un linfoma no hodgkiniano pueden tener náuseas o vómitos. Los medicamentos antinauseosos (antieméticos) modernos son muy eficaces. Se pueden administrar en inyección intravenosajunto con la quimioterapia o bien en comprimidos.

Los antieméticos son más eficaces previniendo las náuseas y los vómitos que tratándolos una vez que aparecen. Por consiguiente, suele ser mejor tomarlos regularmente, según se prescriba, incluso en ausencia de náuseas o vómitos. Hay muchos antieméticos diferentes y algunos son más eficaces en unas personas que otros. Por ello, si uno parece no ser eficaz, probablemente se pueda probar otro.

Además de los medicamentos, los pacientes pueden adoptar medidas sencillas para reducir las náuseas, como las siguientes:

  • Evitar los olores fuertes, como los perfumes y las lociones para después del afeitado acres, los olores de cocina, los alimentos grasos, las carnes rojas y los sabores fuertes.
  • Algunos pacientes logran reducir la sensación de náuseas tomando a sorbos bebidas gaseosas, mientras que a otros las burbujas los hacen sentirse hinchados e incómodos.
  • Acupuntura. Hay datos que indican que la acupuntura ayuda a reducir las náuseas. No todos los pacientes se sienten cómodos con las agujas, pero la presión sobre los puntos de acupuntura de la muñeca puede resultar de ayuda.

Antes de adoptar cualquiera de estos métodos para reducir las náuseas o los vómitos, los pacientes deben hablar con el médico de familia o con el equipo de linfomas.

     

Inflamación de la garganta y la boca

Algunos tratamientos de los linfomas no hodgkinianos como la quimioterapia y la radioterapia aplicada el cuello, pueden causar inflamación de la garganta o la boca.

En muchos casos resultan útiles los enjuagues templados con bicarbonato sodico. Además, hay que cepillarse suavemente los dientes después de cada comida para prevenir infecciones en las zonas sensibles. También puede resultar más cómodo quitarse la dentadura postiza durante el mayor tiempo posible. En algunos casos se emplean colutorios con antibióticos para prevenir las infecciones por hongos en la boca o la garganta.

     

Hormigueos en manos y pies

Las personas con linfomas no hodgkinianos que reciben vincristina como parte de la quimioterapia pueden tener, entre otros efectos secundarios, hormigueos en manos y pies (neuropatía).

Este fármaco se utiliza habitualmente en las poliquimioterapias. Una de ellas es, por ejemplo, la denominada CHOP, que se compone de ciclofosfamida, hidroxidaunorubicina (también denominada a veces adriamicina o doxorrubicina), Oncovin (una marca comercial de la vincristina) y el corticosteroide prednisolona. Otra es la CVP, que sólo contiene ciclofosfamida, vincristina (Oncovin) y prednisolona.

Aunque no se dispone de un tratamiento probado para la neuropatía, algunos remedios sencillos como masajes y calzado deportivo cómodo pueden aliviarla. Además, es posible que los pacientes mejoren si doblan y estiran suavemente los dedos de las manos y los pies todos los días. Otros fármacos que pueden causar estos síntomas y se utilizan a veces en el tratamiento de los linfomas no hodgkinianos son la vinorelbina, la vinblastina, el cisplatino y el carboplatino.

 


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