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Introducción
Todos los síntomas atribuibles a un linfoma no hodgkiniano pueden también deberse a otros trastornos. Dicho de otro modo, ningún síntoma permite afirmar la presencia de un linfoma no hodgkiniano. Por esta razón, entre otras, son tan importantes las pruebas diagnósticas a la hora de emitir el diagnóstico de linfoma no hodgkiniano.
Es muy frecuente que, en el momento de diagnosticar un linfoma no hodgkiniano, el enfermo no tenga síntomas. La enfermedad se descubre a menudo a raíz de una exploración física o de pruebas realizadas por otros trastornos, como análisis de sangre o radiografías de tórax. Es el caso, sobre todo, de los linfomas no hodgkinianos indolentes , que crecen lentamente y en muchos casos pasan mucho tiempo sin dar síntomas.
El síntoma más frecuente de los linfomas no hodgkinianos en el momento del diagnóstico es un ganglio linfático agrandado e indoloro, generalmente de más de un centímetro de diámetro.
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Los síntomas, cuando aparecen, pueden dividirse en cuatro amplios grupos:
- Aumento de tamaño de uno o más ganglios linfáticos
- Síntomas generales (síntomas de mal estado general)
- Síntomas atribuibles a las masas linfomatosas extraganglionares
- Síntomas atribuibles a las bajas cifras de células sanguíneas

Síntomas frecuentes
El síntoma más frecuente de los linfomas no hodgkinianos en el momento del diagnóstico es un ganglio linfático agrandado e indoloro, generalmente de más de un centímetro de diámetro. Los ganglios más fáciles de detectar son los situados en el cuello, la axila y la ingle. Estos abultamientos no suelen ser dolorosos ni cursar con otros síntomas, pero a menudo aumentan constantemente de tamaño. Muchas personas con un linfoma no hodgkiniano agresivoy algunas de las que padecen un linfoma no hodgkiniano indolente tienen ganglios linfáticos agrandados en el momento del diagnóstico.
Es preciso recordar, claro está, que los ganglios linfáticos agrandados son muy frecuentes y que la inmensa mayoría de las personas que los presentan no padecen un linfoma no hodgkiniano. La causa más frecuente de agrandamiento de los ganglios linfáticos es, con mucho, la infección. Cuando ésta remite, los ganglios suelen recuperar su tamaño normal.
Síntomas extraganglionares Aunque el síntoma más frecuente de los linfomas no hodgkinianos en el momento del diagnóstico es un ganglio linfáticoagrandado, también se observan a menudo otros síntomas:
- Síntomas generales (síntomas de mal estado general)
- Síntomas atribuibles a masas linfomatosas extraganglionares
Los síntomas generales son síntomas inespecíficos que indican que una persona no se encuentra bien de salud. En los linfomas no hodgkinianos son frecuentes los siguientes:
- Fiebre recurrente de origen desconocido (superior a 38°C)
- Sudoración nocturna que pueden empapar las prendas de dormir y las sábanas
- Pérdida de peso involuntaria (definida como superior al 10% del peso corporal en seis meses)
- Fatiga o cansancio intenso y persistente
- Falta de apetito
Los tres primeros síntomas de esta lista (fiebre, sudores nocturnos y pérdida de peso) se utilizan a menudo para la estadificación de los linfomas no hodgkinianos. Si una persona presenta uno o más de estos síntomas, se añade la letra B al estadio de linfoma. Así, un linfoma no hodgkiniano de estadio IIB significa que están presentes uno o más de estos tres síntomas, mientras que un estadio IIA indica que ninguno de ellos está presente. Por ello, estos tres primeros síntomas reciben a veces el nombre de “síntomas B”.
Otros síntomas generales que pueden presentar las personas con linfomas no hodgkinianos son:
- Falta de aire (disnea) o tos
- Picor, que es persistente y puede afectar a todo el cuerpo
Los síntomas pueden ser completamente distintos si el linfoma se localiza en otra parte del organismo, fuera de los ganglios linfáticos. Por ejemplo, un linfoma situado en el estómago o el intestino puede causar dolor abdominal, dispepsia o diarrea.
Por ello, estos tres primeros síntomas reciben a veces el nombre de “síntomas B”.
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Muchas personas que padecen un linfoma tienen cifras bajas de células sanguíneas (como los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas). En ocasiones, esto se debe a que el linfoma se localiza en la médula ósea, en donde se producen dichas células. No obstante, los recuentos celulares pueden ser bajos incluso aunque no haya signos de que la médula ósea esté afectada.
Cuando una persona tiene una cifra baja de glóbulos rojos, es decir, anemiapuede sentirse cansada y con disnea (falta de aire). Por otra parte, las cifras bajas de glóbulos blancos aumentan la propensión a las infecciones; cuando es la cifra de plaquetas la que es baja hay más tendencia a sangrar o a que aparezcan hematomas (cardenales) con facilidad. Todo esto puede ocurrir en las personas que padecen linfomas no hodgkinianos. Para más información, véase Tratamiento de los síntomas.
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