Lymphoma Net - Home

Ayudando a personas con linfoma No-Hodgkin

 
Mail a friend Print this page
 P�gina de Inicio >> Julie
  P�gina de Inicio
  ¿Qué es un linfoma no hodgkiniano?
  Visita al consultorio
  ¿Cómo se tratan los linfomas no hodgkinianos?
  La vida con un linfoma no hodgkiniano
 
Cambios en los hábitos
Cómo llevar una vida saludable con un linfoma no hodgkiniano
Testimonios de pacientes
Cómo encontrar apoyo
Para los cuidadores




  B�squeda
  Glosario
  Otras idiomas
  Webmasters
  Consejo editorial
  Ayuda
  Cont�cto
  Mapa de sitio
  Noticias (En Ingl�s)
  Newsletter (En Ingl�s)

 
 Julie
Back to patient stories | Comparte tu historia

 

Julie, de 54 años, es peluquera y tiene dos hijos mayores. Acudió por primera vez a su médico de familia en 1990 porque había notado un bulto en el cuello que iba creciendo desde hacía seis meses.

“Aunque me sentía bien y no me notaba distinta de lo habitual, estaba preocupada por ese bulto que llevaba ahí varios meses. Primero pensé que se debía a que había padecido algún tipo de infección, pero no desaparecía. Cuando acudí a mi médico de familia, dijo que era un ganglio linfático agrandado y que no estaba seguro de por qué no había desaparecido. Me envió a un otorrinolaringólogo de mi hospital local.

“Este cirujano tomó una biopsia del bulto, es decir, extrajo unas cuantas células con una aguja para estudiarlas al microscopio. Cuando llegaron los resultados unas semanas después, me dijo que padecía un linfoma no hodgkiniano y que debía acudir a un hematólogo hematólogo para que me hiciera más pruebas. Nunca había oído hablar de esa enfermedad, así que me explicó que era un tipo de cáncer del sistema inmunitario. Aunque me asusté mucho, el cirujano me tranquilizó al decirme que, como hasta entonces no había tenido ningún síntoma, excepto el bulto en el cuello, no corría peligro inmediato, y que debía esperar a ver qué decía el hematólogo.

“Un par de semanas después, acudí a un hematólogo de un hospital especializado a unos kilómetros de mi casa. Cuando llegué, estaba muy nerviosa, pero el médico me preguntó cómo me sentía y se interesó por el ganglio linfático hinchado del cuello. Me dijo que necesitaría realizar una serie de pruebas para confirmar que padecía un linfoma no hodgkiniano, determinar lo activo que era y cuánto se había extendido en el organismo. Me hicieron una TC, tomaron una biopsia de la médula ósea que resultó un poco molesta y midieron la LDH en sangre".

“Cuando regresé unas dos semanas después, dijo que los resultados mostraban que tenía un linfoma no hodgkiniano folicular e indolente en estadio I, que es una forma de crecimiento lento de la enfermedad. Añadió que la buena noticia era que sólo había un ganglio linfático afectado y que no tenía síntomas B. Por tanto, propuso que recibiera radioterapia en el ganglio linfático hinchado del cuello para hacerlo desaparecer. Como había oído tantas historias acerca de que la radioterapia produce náuseas, vómitos y caída del cabello, estaba bastante preocupada por lo que podía pasar. Sin embargo, el doctor me dijo que como sólo iba a recibir radioterapia en el cuello, no tendría náuseas ni vómitos, aunque podría perder algo de pelo en la zona en la que me administraran el tratamiento.

“Lo cierto es que, si exceptuamos que me sentí un poco cansada, no padecí ningún efecto secundario y el bulto del cuello desapareció por completo. Después de una revisión un par de semanas después, el hematólogo me dijo que debía volver cada seis meses para confirmar mediante una TC que el linfoma no hodgkiniano no había reaparecido.

“Las TC mostraron que no se habían producido cambios, pero en 1994, durante un intervalo entre dos TC, descubrí otro bulto en el cuello, así que llamé al hospital especializado y me dijeron que adelantará la cita para la siguiente TC. En esa misma visita repitieron el análisis de la médula ósea y de la LDH en sangre. Cuando regresé para consultar al hematólogo, me dijo que habían encontrado ganglios linfáticos hinchados en el tórax y la axila, así como en el cuello, lo que me preocupó mucho, aunque dijo que la enfermedad no se había extendido a la médula ósea.

“Hablamos acerca del tratamiento y el médico dijo que como había recibido radioterapia en el cuello y ahora había otros ganglios linfáticos afectados, no podía someterme de nuevo al mismo tratamiento. Me propuso la quimioterapia y me administraron clorambucilo durante los seis meses siguientes. La “quimio” me hizo sentirme un poco nauseosa, pero tuve suerte porque no sufrí ningún otro efecto secundario. Hacia la mitad del tratamiento, después de unos tres meses, me realizaron otra TC que mostró que la quimioterapia había sido parcialmente eficaz y, como todavía me sentía bien, el médico dijo que podía seguir adelante con normalidad.

“La quimioterapia fue eficaz durante unos dos años, pero entonces empecé a notar que adelgazaba porque estaba perdiendo el apetito; una de las TC de revisión mostró que los ganglios linfáticos que habían estado hinchados empezaban de nuevo a aumentar de tamaño. El hematólogo propuso un nuevo tratamiento con clorambucilo, pero esta vez añadió un corticosteroide llamado prednisolona para intentar detener el crecimiento de los ganglios. Aunque éstos no disminuyeron de tamaño, dejaron de crecer, y empecé a recuperar el apetito.

“El médico dijo que podría administrarme más quimioterapia un año después para intentar controlar el linfoma no hodgkiniano, así que como todavía me sentía bien, mi marido y yo decidimos irnos de vacaciones a los Estados Unidos durante unas semanas, ya que siempre había deseado conocerlos.

“Unos meses después de regresar, en 1997, volví al hospital especializado y decidieron administrarme una combinación de dos antineoplásicos, ciclofosfamida y vincristina, junto con prednisolona, es decir, CVP. Esta vez noté hormigueos en las manos y los pies, pero no tuve ningún otro efecto secundario. Este tratamiento resultó eficaz durante algún tiempo, pero en 1999 tuve una recidiva. Una TC mostró que ahora tenía ganglios linfáticos agrandados en el abdomen, así como en el cuello, el tórax y la axila. También tenía cifras altas de LDH, aunque la médula ósea no estaba afectada. Los médicos dijeron que tenía la enfermedad en estadio III.

“Aunque estaba muy asustada por lo que podía ocurrir, los médicos dijeron que también habían descubierto que los linfocitos de los ganglios linfáticos agrandados tenían en la superficie grandes cantidades de una proteína denominada CD20. Esto significaba que podían probar un nuevo tratamiento denominado rituximab, que es un anticuerpo monoclonal que ataca específicamente a las células que tienen la proteína CD20 en la superficie. Me sentí bastante aliviada; me administraron el rituximab durante un mes en forma de infusiones aproximadamente semanales que duraban unas pocas horas, lo cual no me causó ningún efecto secundario. Para dar tiempo al rituximab a hacer efecto, esperé tres meses hasta someterme a una TC de revisión que mostró que había tenido una remisión parcial muy buena.

“Me sentía muy bien y llevé una vida casi normal, con una TC cada seis meses para confirmar que el linfoma no hodgkiniano no había reaparecido. En el año 2002, una de las TC mostró que se había producido una pequeña recidiva, aunque no noté ningún cambio. Para mantener el linfoma bajo control recibí otro tratamiento con rituximab que resultó eficaz y ahora me siento bien y con la esperanza de que esta remisión dure.”

Share your story with others on lymphoma-net.org