David, de 60 años, es un profesor universitario de Historia y vive solo. En 1990 acudió a su médico general porque había notado un bulto en la axila.
“Aunque no soy una persona se preocupe por las cosas, me inquieté un poco cuando un día, mientras me duchaba, noté un bulto en la axila. Como mi vida había sido más o menos la de siempre, no estaba excesivamente preocupado, pero aun así acudí al médico de familia para asegurarme de que todo iba bien.
“El médico me preguntó desde cuándo tenía el bulto en la axila; aunque no lo había notado hasta hacía poco tiempo, lo cierto es que no pude concretárselo. Me explicó que era un ganglio linfático hinchado, y como por lo demás me sentía bien, me propuso que acudiera a un cirujano general del hospital, quien tomaría una biopsiadel bulto para determinar su causa.
“El cirujano me explicó que el bulto podía deberse a varias cosas y me dijo que volviera dos semanas después, cuando dispusiera de los resultados de la biopsia. Como me sentía bien, no estaba preocupado, pero el informe del laboratorio indicó que padecía un linfoma no hodgkiniano. No sabía lo que eso significaba, ya que no conocía a nadie con esa enfermedad. El cirujano me tranquilizó al decirme que había muchos tratamientos posibles para los linfomas no hodgkinianos y me envió a una oncóloga del mismo hospital.
“Cuando regresé al hospital para ver a la oncóloga, me preguntó cómo me había sentido y cómo me quedaba la ropa. Me pareció una pregunta extraña, pero me di cuenta de que había ido adelgazando continuamente en los últimos meses porque había perdido bastante el apetito. También me practicaron varias pruebas, como una TC, una biopsia de médula ósea y una determinación de LDH en sangre. Los resultados, que ya estaban disponibles en la siguiente visita dos semanas después, mostraron que padecía un linfoma no hodgkiniano activo con ganglios linfáticos hinchados en la axila, el tórax y el abdomen. Como también estaba afectada la médula ósea, la oncóloga me dijo que tenía un linfoma no hodgkiniano folicular e indolente en estadio IV y que necesitaba tratamiento de inmediato.
“Durante los seis meses siguientes recibí seis ciclos de quimioterapia con clorambucilo y un corticosteroide llamado prednisolona. Una TC realizada a la mitad del tratamiento para ver cómo estaba evolucionando mostró una respuesta parcial. Y lo que es más importante, empecé a recuperar el apetito y a notarme con más fuerzas. En ese momento me di cuenta de que me había sentido muy cansado, incluso antes de acudir por vez primera al médico, lo que atribuí a que estaba trabajando mucho y acababa de cumplir 60 años.
“La oncóloga me dijo que necesitaría someterme a una TC cada seis meses para tener la certeza de que el linfoma no había reaparecido. Estas pruebas mostraron que, aunque los ganglios linfáticos hinchados no habían desaparecido, tampoco habían seguido creciendo y se encontraban estabilizados. Más adelante, en el año 2002, entre una TC y la siguiente, adelgacé mucho repentinamente, empecé a tener sudores nocturnos, se me hinchó el abdomen y los pantalones empezaron a apretarme en la cintura.
“Llamé al equipo de oncología y me practicaron otra TC, una biopsia de médula ósea y un análisis de LDH en sangre. Estas pruebas mostraron que los ganglios linfáticos hinchados habían crecido muchísimo y que estaba acumulando líquido linfático en el abdomen. El equipo extrajo el líquido, con lo que me sentí mucho mejor, y también un ganglio linfático del abdomen para analizarlo, ya que no pudieron encontrar ganglios adecuados en la axila. Comprobaron que el linfoma había pasado de ser de bajo grado a ser de alto grado, es decir, agresivo.
“Para hacer frente a esta súbita transformación de la enfermedad, la oncóloga propuso administrar una asociación de fármacos denominada CHOP-R, que consiste en ciclofosfamida, hidroxidaunorubicina, Oncovin (una marca comercial de vincristina) y prednisolona, junto con el anticuerpo monoclonal rituximab. Me sentí bastante aliviado al poder recibir el tratamiento inicialmente sin tener que quedar hospitalizado, pese a que perdí todo el cabello y me sentí muy cansado. Lamentablemente, contraje una infección grave y tuve que ingresar en el hospital.
“Sin embargo, el tratamiento logró eliminar el linfoma no hodgkiniano agresivo y me dejó de nuevo con la forma indolente de la enfermedad. Aunque los ganglios linfáticos hinchados no han desaparecido, la enfermedad se ha estabilizado y en la actualidad me siento bien y capaz de seguir trabajando en la Universidad.”
Share your story with others on lymphoma-net.org
|