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 Bego�a Barrag�n
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Begoña Barragán, de 44 años, vicepresidenta de la Asociación Española de Afectados por Linfomas, fue diagnosticada de un linfoma no hodgkiniano a finales de 2001, después de seis meses con síntomas.

“¿Qué significa ser diagnosticado de un linfoma no hodgkiniano? Hoy día, puedo explicar fácilmente el significado de mi diagnóstico, pero tuve que investigar, preguntar y estudiar mucho. Es una larga historia.

“En abril de 2001, durante mis vacaciones, descubrí un ganglio hinchado en el cuello, pero como me sentía bien, no me preocupé demasiado. Cuando volví, me estaban esperando varios cambios en mi vida. Algunos de ellos los conocía, como trasladarme a otra casa, pero no sabía que algo estaba transformándose en mi interior y que, seis meses después, recibiría la peor noticia de mi vida.

“Durante esos seis meses noté varios síntomas, como fatiga y fiebre. En las noches de verano sudaba más de lo habitual y estaba adelgazando. Siempre encontré una explicación: muchas horas de trabajo, la mudanza... y pensé que todo lo que notaba era perfectamente normal.

“Al final del verano también tenía hinchados los pies y acudí al médico. En la revisión me dijo que podía tener anemia y solicitó varios análisis. Entonces empezaron a sonar las alarmas. Tenía la hemoglobina muy baja, necesitaba una transfusión de sangre y el bazoestaba muy inflamado.

“El 8 de octubre de 2001 ingresé en el hospital. Recibí transfusiones de sangre y me hicieron análisis de sangre y de médula ósea. En apenas dos días supimos los resultados: padecía un linfoma no hodgkiniano. Cuando recibí la noticia, sólo sabía que los linfomas eran un tipo de cáncer de la sangre. Por miedo a recibir más malas noticias, dejé de pedir información a los médicos. Pensé que era el final, que iba a morir pronto.

“Los siguientes días aclararon el diagnóstico. Con la biopsia de ese primer ganglio linfático que descubrí en el cuello, los médicos me informaron de que se trataba de un linfoma folicular en estadio I, y que había un tratamiento. Cuanto más sabía sobre el diagnóstico, más preguntas planteaba sobre la enfermedad. Sabía que tenía cáncer, que iba a recibir quimioterapia, que me iban a colocar un catéter de Hickmany que iba a quedarme calva. En aquellos momentos no era capaz de asimilar toda la información, pero necesitaba saber más: si estaba enferma y tenía que recibir tratamientos enérgicos, debía saber exactamente qué estaba pasando.

“Desde entonces me he dedicado a estudiar y a aprender sobre los linfomas. Sigo los progresos de la investigación de nuevos tratamientos y ahora no pienso nunca en la muerte, sólo en la vida.

“Primero recibí un tratamiento de seis ciclos de quimioterapia más inmunoterapia con anticuerpos monoclonales. Sin embargo, la médula ósea siguió estando afectada y la inflamación del bazo persistió. Recibí cuatro ciclos más de anticuerpos monoclonales y la médula ósea mejoró.

“Como el bazo seguía hinchado, los médicos me explicaron que sería necesario operar. El 13 de septiembre de 2002 me extirparon el bazo y, apenas un mes después, estaba preparada para recibir un trasplante de médula ósea. Pasé la Navidad de 2002 en el hospital. Acababa de recibir un trasplante de médula ósea y debía estar aislada. Fue un tratamiento difícil, pero merecía la pena.

“El 17 de enero de 2003 pude regresar a casa y reanudar mi vida. Durante los últimos días en el hospital conocí a Antonio. Me habló de la Asociación Española de Afectados por Linfomas, que acababa de fundar. Desde entonces pertenezco a la asociación.

“Pensamos que es muy importante informar a la población sobre los linfomas no hodgkinianos. Si se conocen los síntomas es posible llegar a un diagnóstico precoz. También es preciso hacer saber que existen tratamientos y que, en muchos casos, curan la enfermedad. El número de casos aumenta cada año por causas que, de momento, se desconocen, y los especialistas creen que puede convertirse en el tercer cáncer por número de fallecimientos en el mundo.

“Un mes y medio después de salir del hospital regresé al trabajo. Desde entonces, aunque soy consciente de que puedo necesitar más tratamiento, llevo una vida normal, trabajando, colaborando con la Asociación Española de Afectados por Linfomas y disfrutando de mi familia y mis amigos. Quiero vivir...”

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